Hablar claro.

Lo bueno de llevar un blog de forma desinteresada y no partidista, por mucho que me acusen de lo contrario (no es mi culpa si tantos partidos no tienen clara su ideología sobre movilidad) es poder decir lo que me da la gana sin nadie que me fuera a cortar la inexistente financiacón, o cerrarme la web que pago de mi humilde bolsillo. Es bueno, porque llegado un momento tan crítico en la política municipal, al menos haya alguien que diga lo que piensa sin tapujos. Al menos que quede constancia.

Ha llegado, pues, el momento de hablar claro sobre lo que está pasando con el tranvía en Barcelona, y por qué es mucho más terrible de lo que podríamos pensar. No hará falta repasar tooooodos los antecedentes, sino quedémonos en la misma encrucijada que tenemos ahora mismo: Una serie de partidos políticos que, contradiciendo su programa y campaña electoral, parecen dispuestos a tumbar el proyecto del tranvía en el plenario. En el caso de C’s era de esperar que se desdijeran de su intencionadamente ambiguo programa electoral, ya que claramente iban a buscar el voto de las derechas y clases altas, que poco interés tienen en el tranvía. En el caso de ERC y la CUP en cambio es especialmente sangrante, por su ideología de izquierdas tradicionalmente ligada al fomento del transporte público. Digámoslo claro: ERC y la CUP se oponen al tranvía porque Ada Colau y su formación política no son independentistas. ¡Todos lo sabemos, carajo! ¿O acaso alguien se imagina que si BeC estuvieran plenamente detrás de la causa independentista ERC y CUP estarían sacándose las mismas excusas de la manga para bloquear el tranvía? Por favor. Ninguno de esos partidos llevaba mención alguna sobre el modelo de gestión en su programa, pero en cambio sí llevaban la unión (o parte). ¿Por qué? ¿Por qué ponen en su programa que estan a favor del tranvía sin matices y luego salen con eso? Siquiera si fuera la primera excusa que se inventan, pero es chorrada tras chorrada. Que si los estudios técnicos, que si las obras de Glòries, que si ¡el 155! madre mía el surrealismo.

Tristemente estamos acostumbrados a este tipo de maniobras partidistas, que ya no sorprenden. Sin embargo, no parecemos conscientes del gravísimo daño que esto causa a la democracia. Veamos: Si ante un proyecto de ciudad como el tranvía los partidos en cuya ideología ese proyecto encaja de pleno se empiezan a oponer por excusas rebuscadas estan mandando un peligroso mensaje. Los partidos políticos son nuestra guía y nuestro reflejo ideológico. En la democracia parlamentaria se trata de que el votante pueda encontrar el partido con cuya ideología mejor encaja, que mejor le representa, pues. Para eso es fundamental que los partidos tengan las cosas claras. Si los partidos empiezan a desdecirse de elementos tan profundamente esenciales a su ideología, con la finalidad de atacar a su adversario político, ¿como puede un ciudadano seguir identificándose con ese partido? Esto erosiona la credibilidad de la ideología. ¿Resulta entonces que fomentar el transporte público no es de izquierdas? ¿O solo lo es cuando la operación es 100% pública, que es más una excepción que la norma?

Si la ideología no tiene valor y se moldea en función de como atacar a los adversarios entonces el votante no puede buscar la identificación ideológica con un partido. Y eso es gravísimo, porque inevitablemente da lugar a una política de trinchera, donde los respectivos seguidores de cada partido se quedan “atrincherados” defendiendo su partido sólamente con el argumentario del partido, como hemos visto a tanta gente repetir como loros las excusas que ofrecen sus respectivos partidos, casualmente siempre de refilón con la proclama más reciente. Nadie hablaba del modelo de gestión antes de que lo hicieran los políticos. Todos hablaban de que habían “votado que no” al tranvía, otra mentira que nadie decía hasta que no empezaron a espetarla los políticos. Antes de eso era que si iba a colapsar la ciudad. ¿Se han fijado que eso ya casi nunca lo escuchamos? Ahora todos estan con el modelo de gestión, y que si regalarle nosecuantos millones a Felip Puig. No tiene nada que ver que sea lo mismo que proclaman los políticos. Nada de nada.

La ausencia de una ideología clara en los partidos también conduce a que la “ideología municipal” es substituida por la “ideología nacional”, es decir los niveles de política superiores al municipal (autonómico/nacional como se vea) tienen influencia sobre el voto municipalista. Esto es terrible, porque significa que la ciudad se subordina al color político favorecido a nivel nacional/autonómico. Una ciudad tiene que se gobernada a partir de una ideología municipalista, cualquier otra cosa es una mera aberración que anula completamente el sentido del plenario municipal porque lo convierte en una vil fotocopia del Parlament.

La política municipal, esto es importantísimo de entender, tiene unas reglas de juego muy diferentes a la política autonómica y/o nacional. Es el escalón de la política más cercano al ciudadano, afectando temas totalmente cotidianos que nunca podrían ser relevantes en el Parlament o Congreso. Por eso en la política municipal se pueden encontrar rarezas como toda una plétora de ayuntamientos donde el PP pacta con IU. Y lo más extraño de todo es que no pasa nada. Es bueno y sano que pueda pasar eso, porque demuestra que esas fuerzas han encontrado unos puntos de encuentro sobre la ciudad. Como ya explicaba en otro artículo, el transporte público y la movilidad sostenibles no son en absoluto patrimonio ideológico de izquierda o derecha, o de progresistas o conservadores. Precisamente puede ser un punto de encuentro para fuerzas políticas que parecerían sino estar en las antípodas. Sobre todo, esos pactos no tienen más trascendencia en los otros niveles de política. Ese es el misterio de la política municipal, que, idealmente, ocurre en su pequeña burbuja, alejada de las grandes preocupaciones gubernamentales y enfocada en la gestión de nuestro día a día, de nuestros pueblos y ciudades.

Y mientras encontramos ayuntamientos gobernados por los dos polos más opuestos del espectro político, tenemos que asistir a este lamentable espectáculo donde un tranvía esta en el limbo a un día de la votación porque BeC no quiere suscribirse al independentismo y ERC y la CUP les hacen un cordón sanitario por ello.

Siempre he tenido reticencias a expresar mis propias ideas políticas en este blog, por considerarlas fuera de lugar en el debate sobre movilidad. Pero, que demonios, no me importa decir algunas cosas que pienso. Se me ha acusado de infinidad de veces de ser partidista en favor de BeC. Como ya decía, no es mi culpa si BeC (o el PSC por eso) son los dos partidos que tienen más claros los temas de movilidad en línea con mi propia ideología. No entiendo por qué se me acusa de partidista cuando precisamente coincido con los partidos con los que me siento representado, cuando partidista sería cambiar de postura para estar en el favor de otros partidos. No me importa decir que lejos de estar en contra de la independencia de Catalunya le soy favorable, he escrito en más de una ocasión sobre la paupérrima gestión en España, y ese punto de vista se extiende mucho más allá de la movilidad. Normalmente no tengo más que respeto por un partido como ERC, un partido de gobierno, que ha mostrado en muchas ocasiones una gran capacidad de gestión y de conectar con el pueblo, y una notable ausencia de casos de corrupción. Pese a no considerarme particularmente progresista, incluso tirando a conservador en muchos aspectos. Aún y así me veo atraído más a los partidos de izquierdas al encontrar amplias discrepancias con los partidos de derechas. Consecuentemente, no tengo ningún prejuicio contra ERC-BCN, pero me pierden cuando entran en la modalidad de acoso y derribo. El día que ERC-BCN mostrase la misma claridad en materia de movilidad que ha mostrado BeC en este mandato les puedo garantizar que aplaudiré todas y cada una de esas decisiones, y que no descartaría en absoluto otorgarles mi voto llegado el momento.

Cuando los partidos van por ahí esperando que la gente module su opinión en contra de su criterio propio (asumiendo que lo tienen) y según lo que les interesa a ellos, es que no hemos entendido nada. Una cosa es que un partido busque convencer con argumentos, argumentos que aguanten un escrutinio y no excusas baratas construidas sobre falacias (como llegar a decir que la L9 es un proyecto 100% público, ¡oh la humanidad!). Otra cosa es que esperen el ciego seguimiento a sus proclamas, por absurdas e infundadas que estas fueran, y ataquen al que piensa diferente como un siervo del partido adversario, incapaces de utilizar la argumentación empírica. Hay pocas cosas que me causen más rabia y urticaria que políticos que le toman a uno por imbécil, pensando que, una vez se han dignado a bajar a la arena del debate, pueden simplemente responder según argumentario, tirando balones fuera, y utilizando falacia tras falacia pero en ningún momento capaces de ofrecer algo que pudiera convencer. Ya no sé ni que hacer para que esa gente entienda que yo tenía mis convicciones sobre movilidad cuando BeC aún ni existía, y que apoyaré a todos los partidos, sea el PP, C’s, la CUP o el que quiera, si son capaces de demostrar que tienen una ideología en favor de la movilidad sostenible y la ciudad amable y habitable (¡que no es ciencia nuclear tampoco!). Además, también las políticas de movilidad de BeC las he criticado con abundancia, y algunas de mis posicionamientos simplemente no encuentran un reflejo político: La incapacidad de tomar medidas de calado para acelerar el bus (mediante mejor segregación y prioridad semafórica), la creación de nuevas redes de tranvía en el Vallès y Camp de Tarragona, la creación de tren-tranvías Manresa-Berga, Girona-Olot, Girona-Sant Feliu G.-Palafrugell-Girona, la cuadriplicación de la línea de tren entre Sagrera y Granollers más la conexión con la R3 en Granollers y omitiendo el desdoblamiento de la R3 más abajo de Granollers, centralizar el término de regionales del norte y del sur en la Estación de Francia, la reintroducción de trolebuses en Barcelona y posiblemente otras ciudades, y un largo etcétera. El día que algún partido político decidiera incidir sobre algunas de estas propuestas sin duda alguna lo aplaudiré.

Estamos viviendo tiempos de decadencia de la ideología. La ideología es vista como algo malo, se ha dicho que el tranvía es un tranvía “ideológico”. Estamos minando por completo los fundamentos más filosóficos de la democracia, ¡y ni siquiera nos damos cuenta!, ¿tiene que ser el puñetero Blog de la Movilidad el único que llame atención a esto? La ideología es fundamental a la política, es la traducción a políticas y acciones de nuestros sueños y anhelos para mejorar nuestra sociedad. Los políticos tienen que saber marcar su ideología y serle fiel. No sé si quizás yo sea el raro, pero un político que fuera fiel a sus creencias y actuase en consecuencia, sin importar a quien tiene en frente si puede ponerse de acuerdo en esa materia, eso es para mi un político serio, que me comanda respeto y credibilidad. Una persona que viene a representar unas ideas que comparte con sus votantes. En cambio, políticos que varían sus propuestas en función de su estrategia política no transmiten esa credibilidad, pues parece gente maleable, que puede cambiar rápidamente de opinión, por lo que mi voto en seguida perdería su valor, que está en la carga ideológica de haber votado a un determinado partido. ¿Acaso es esto tan difícil de entender?

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