El discípulo de M. Rajoy

A pocos días del pleno en el que se votará sobre el proyecto de ampliación del tranvía (ya no se puede decir unión, porque solo se votará el primer tramo hasta Verdaguer), Alfred Bosch ha querido deleitar a los Barceloneses con unas declaraciones en las que afirma que votará en contra del “tranvía de Colau”.

Quizás el sr. Bosch utiliza esa expresión tan lamentablemente demagógica para intentar disimular que se está pasando por el arco de triunfo su propio programa electoral, en el que constaba explícitamente que “Garantizaremos la conexión del tranvía y estudiaremos la viabilidad de hacerlo por la Diagonal. Iniciar de forma inmediata el estudio del tramo Plaça de les Glòries – Passeig Sant Joan.” Esto es la cita textual del punto número 70 del programa electoral de ERC en las municipales de 2015. Papel mojado, como ha resultado, pues pese al impulso desde el equipo de gobierno no han sido capaces de llegar a un acuerdo al respecto. Transmite poca credibilidad cuando un partido bloquea desde la oposición un proyecto que lleva en el programa, porque da más bien una sensación de incapacidad política. Al fin y al cabo, en el programa electoral no decía “fiscalizaremos”, sino “garantizaremos”. No nos lo han podido garantizar, aún cuando salían los número. Los votantes deberíamos de tomar nota.

Parece ser que el sr. Alfred Bosch es un discípulo de esa nueva rama de la filosfía, el “Marianismo”, que consiste en no hacer nada, no mover nada, y no cambiar nada, para así poder perpetuarse en el poder lo mejor posible. Quizás al ver los buenos resultados que esa estrategia le ha estado dando a M. Rajoy el sr. Bosch haya decidido emularla. A poco más de un año de las elecciones municipales parecería que la campaña electoral de ERC-BCN vaya a ser “Somos los que no hacemos nada.” Porque parece que el legado de ERC vaya a ser ese, el de no haber hecho nada y haber bloqueado todo lo posible.

ERC parece plenamente dispuesta a lanzar Barcelona a las garras de la antipolítica, del inmovilismo, del miedo a todo cambio. Quien sabe, con los tiempos que corren quizás hasta les vaya a funcionar. Alfred Bosch parece empeñado en demostrar que carece de cualquier tipo de sentido de ciudad, y que para él Barcelona es algo a instrumentalizarse para beneficio de su carrera política. Un escenario que resulta aterradoramente familiar a quienes conocemos las grandes ciudades latinoamericanas, donde ocurre exactamente igual que la alcaldía de la ciudad se reduce a un trampolín político para eventualmente alcanzar la presidencia, u otro alto cargo político.

Restará en manos de la ciudadanía juzgar el desempeño de cada partido político en las elecciones. Con su oposición al transporte público el voto de un servidor lo tienen perdido.

 

Foto de cabecera: Wikimedia Commons / Amadalvarez

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