Ronda Universitat: La dialéctica hegeliana en el transporte público

Uno no puede evitar sentir una cierta pena por los vecinos de la Ronda Universitat. Les ha tocado ser los daños colaterales del enésimo fracaso–por acción o por omisión–de la planificación del transporte público. Ya bastante lástima daba esa zona previamente, con su desierto de asfalto y estrechas aceras, con su estruendo insoportable de coches, motos y buses, para que se le sumara lo que ha acabado siendo una estación de autobuses encubierta.

¿Como hemos llegado hasta aquí?

La pregunta de como pudimos llegar a este punto es fundamental para entender lo que está pasando. Lo que ocurre en la Ronda Universitat no es una casualidad. Con lo cual no digo que sea una cosa intencionada, sino que se debe, como decía, a la acción u omisión. Algo como la Ronda Universitat es insólito para una ciudad europea del tamaño de Barcelona. La movilidad suburbana en las ciudades europeas suele basarse sobre todo en el ferrocarril, y las líneas de autobuses suelen estar mejor integradas urbanísticamente, o bien en estaciones de autobus, o bien en paradas puntuales que no supongan tal aglutinamiento de buses. Ambas cosas fallan en Barcelona: muchos autobuses recorren recorridos paralelos a los ferrocarriles, y lo hacen sin que estén debidamente integrados, utilizando el carril bus pensado para los buses urbanos y con paraderos improvisados en las terminales. ¿Pero por qué?

¿Por qué hay tantos buses replicando líneas de tren? Un ejemplo típico es Mataró, con una de las mejores frecuencias de Rodalies. ¿Como puede ser que haya además autobuses interurbanos paralelos al tren? Lo fácil es achacarlo todo a Rodalies, la excusa fácil. Aunque todos sabemos que el servicio de Rodalies deja mucho que desear, también es verdad que muchas conexiones ofrecen un servicio, digamos, aceptable dentro de lo mejorable. Otra parte de la responsabilidad, sin embargo, recae sobre los municipios, y su incapacidad sistemática de crear redes de transporte urbano que sean atractivas, sobre todo a modo de transporte de aportación al tren. Las líneas de autocares interurbanos surgen primordialmente para dar servicios a zonas de la ciudad alejadas de la estación. Esto es un despropósito que supone derrochar recursos, y responde, pues, en gran medida a un transporte urbano pobremente gestionado.

Se juntan así el hambre y las ganas de comer, por un lado una apuntada desinversión en movilidad sostenible por parte del gobierno central que imposibilita mejoras de calado en el servicio de Rodalies, pero también un gobierno de la Generalitat que siempre ha visto más fácil apostar por ponter buses paralelos al tren, antes que sacar el provecho a tren aún con las deficiencias que presenta. Por ejemplo con unos transportes urbanos enfocados en la intermodalidad bus-tren. Quien ha viajado por Alemania o Suiza sabe que en los pueblos medianos y pequeños los transportes urbanos siempre están enfocados sobre la estación de tren, y la mayoría de líneas irradia desde la estación. En Suiza, líneas de menor frecuencia van sistemáticamente sincronizadas con las llegadas de los trenes. Nada de esto se aplica en estas latitudes, la desidia en la gestión del transporte urbano de los pueblos es total. Como buenos nuevosricos que somos, acostumbrados a ir en coche, no superamos la visión de que el transporte urbano en los pueblos solo es para ancianos y minusválidos.

La dialéctica hegeliana

En el ejemplo de la Ronda Universitat podemos observar así como se aplica la clásica dialéctica hegeliana a nivel político: Se crea o se busca un problema que se instrumentaliza mediante el debate limitado a tésis-antítesis,es decir, se ignoran todos los factores que han conducido al problema para reducirlo a un debate sobre una solución que afiance el status quo, que será la síntesis de ese debate. La estación de autobuses encubierta en Ronda Universitat no es un problema a resolver, sino que es un problema que no debería de existir.

Consecuentemente, la solución que se buscará no pasará por adecuar mejor los transportes públicos para eliminar la necesidad de estaciones de autobus encubiertas en el centro de Barcelona, sino que probablemente se apueste por encontrar cabida para los autocares, sea utilizando infraestructuras nuevas o preexistentes. Los vecinos afectados están contra la espada y la pared: Apoyar un reordenamiento que beneficie a los autobuses y responda a la planificación improvisada e inconsistente del transporte público, o sumarse a una reclamación genérica por mejorar unas deficiencias sistémicas que no ha habido voluntad ni interés en resolverlas jamás.

Un caso paradigmático donde la democracia ha fracasado

El caso de la Ronda Universitat demuestra como se instrumentaliza mediante la dialéctica hegeliana una reclamación vecinal lícita para perpetuar una gestión neoliberal que no busca utilizar el transporte público para ofrecer un servicio básico a sus ciudadanos y mejorar su calidad de vida, sino para facilitarle al lobi de la carretera–que lleva echando raíces desde antes de la democracia cuando forzó el cierre de los tranvías de Barcelona, del carrilet Reus-Salou, o del carrilet Olot-Girona–que monte nuevos chiringuitos que al final los pagamos los contribuyentes, con unos servicios solapados, redundantes que no suponen más que derrochar recursos públicos. Pero ahí tienen a la oposición política quejarse sólamente del tranvía por ser una concesión privada, y no de tropecientos autocares que no hacen más quitar viajeros a los trenes. Para ir contra el lobi de la carretera no hay cojones.

Es un caso más, de tantos, donde la democracia solo sirve para dar una sensación completamente ficticia de capacidad de decisión, y nos cuelan, cuales trileros de las ramblas, unos buses y concesiones que no benefician a nadie más que a los operadores como “una necesidad” porque los trenes son tan terriblemente nefastos (aunque tampoco hacen nada para mejorarlos más que el ocasional berrinche). Y en lugar de discutir sobre esa tomadura de pelo que pagamos con nuestros impuestos caemos en el juego de la dialéctica donde solo se vale hablar de como encontrarle su hueco a esos buses que no hacen ninguna puñetera falta. La democracia debe servir para que los ciudadanos puedan pararle los pies a quienes quieren estafar al estamento público con sucedáneos de servicios públicos que redundan y no hacen ninguna falta. Cuando la ciudadanía le ríe las gracias al estafador que le está tomando el pelo, mal vamos.

 

Foto de cabecera: @sosrondauni

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