“Intermodalidad” – La palabra que no significaba nada

Cuantas veces no habremos escuchado a pomposos políticuchos proclamar su apuesta por el transporte público y la “intermodalidad”. Es una magnífica palabra “intermodalidad”. Suena a algo, aunque el que la pronuncia no suele decir nada con ella. Simplemente protocolo, quedar bien de cara a la galería. A los plebeyos les impresionará.

Pero ¿que significa realmente intermodalidad? La palabra se explica sola, realmente: “inter”=entre, y “modal” como en modos de transporte. Por tanto, intermodalidad hace referencia a la interacción entre diferentes modos de transporte. Un trasbordo de toda la vida, pero con la palabra adecuada para un inepto que quiere quedar bien ante los periodistas que tampoco saben de lo que habla y solo están pensando en algún titular tergiversado en función de la línea editorial del medio para el cual se prostituye. Posiblemente se podría establecer un axioma, a más uso de la palabra “intermodal” menor la intermodalidad que ofrecen los transportes público.

Podría extenderme ahora durante eternas parrafadas sobre lo que significa la intermodalidad, pero creo que sería más fácil ejemplificarlo. A ese fin, viajemos al país con el mejor transporte público de toda Europa, que es Suiza.

Una cosa que el astuto observador de los transportes público en seguida observa en Suiza es que prácticamente todas las estaciones de tren, aunque sirvan a poblaciones bastante reducidas, tienen al lado la parada o estación de autobuses. Y aquí “al lado” no significa como nos es habitual tres calles más para allá o para acá, no, al lado es al lado, como en que sales de la estación de tren y tienes el bus en la cara. Ahora, si solo fuera eso tendríamos el tema de la intermodalidad bastante cubierto, pero no es todo. La intermodalidad, y esto es lo que escuece, la genera no tanto una infraestructura específica (que obviamente no está de más) sino la gestión del servicio. Esa que no requiere casi nada de dinero, pero sí muchos sesos.

Pero primero un poco de contexto: Las principales estaciones de tren en Suiza son nodos en el sistema de cadenciación integral. ¿Que significa ésto? Significa que casi todas las líneas de tren de toda Suiza funcionan de forma coordinada entre ellas. “¡Brujería!” gritarán los simples, esos de “el tráfico no se reduce solo se redistribuye”. No es brujería, sino un sistema bastante sencillo en el concepto: Las líneas de tren estan organizadas de una forma que cada trayecto entre nodos está calculado a requerir un poco menos de la siguiente hora o media hora redonda. Es decir, un poco menos de media hora, de una hora, de hora y media, etc.. Esto permite que los trenes siempre salgan de un nodo unos minutos después de la hora o media hora, y lleguen al siguiente un poco antes. Si todos los trenes hacen esto, eso significa que cada vez que llega un viajero a una estación-nodo tendrá garantizado un trasbordo coordinado no con una sino con TODAS las líneas de tren que pasan por esa estación (este magnífico sistema, perfectamente extrapolable a casi cualquie red ferroviaria como la Española o Catalana, sin duda merecería su propio artículo). Pero no se acaba aquí la cosa. El mismo concepto luego se extiende a los demás transportes públicos que enlazan en la estación, como buses urbanos e interurbanos. De esta manera, líneas de bus con frecuencia baja de menos de una hora o media hora no dejan de estar bien coordinados con los trenes, y viaje uno a donde viaje siempre sabe que el bus estará coordinado con el tren, sin necesidad de siquiera mirar los horarios. Es frustrante y deprimente hasta niveles indescriptibles que en nuestra tierra abunden las líneas de bus con frecuencias de miseria y que ni siquiera se molestan en coordinarse con las llegadas de los trenes. Como ya decía, esto es algo que NO CUESTA DINERO, simplemente requiere de coordinación de horarios. Es realmente un monumento a nuestra mediocridad generalizada que no seamos capaces de algo tan sencillo.

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Típico ejemplo de una pequeña estación de autobuses anexa a la estación de tren en Schaffhausen, ciudad con una población de solo 15.000 habitantes

ESO es intermodalidad, y no llenarse el hocico delante de las cámaras hablando de algo que ni siquiera entiendes, como nos tienen acostumbrados los políticos, que en su vida privada prácticamente ni usan el transporte público. Nuestros políticos absolutamente incompetentes en la materia piensan que intermodalidad es hacerse la foto con un aparcamiento de bicis frente a una estación en un municipio carente de infraestructura ciclista, o una parada de bus que ni está cerca de la estación y no tiene los buses coordinados con los trenes, o lo peor de todo un Park&Ride. También ayudan cosas tan sencillas como no convertir las estaciones de tren en prisiones que obligan a dar largos rodeos para llegar a la salida y luego más rodeos para llegar a la estación de autobús. Los ejemplos de L’Hospitalet o Sant Adrià de Besòs son absolutamente insultantes, teniendo una disposición privilegiada que queda completamente arruinada por el estúpido vallado que para colmo de poco sirve para prevenir el incivismo, como bien sabemos los usuarios (pero obviamente no los inútiles políticos que gestionan los respectivos servicios).

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L’Hospitalet: ejemplo de como hacer mal todo lo posible. Estación de tren y parada de bus separadas por escasos metros, pero hace falta dar un rodeo de varios minutos. Servicio de bus muy limitado que pasa por la estación.

En Suiza la intermodalidad es un elemento fundamental que convierte su transporte público en uno de los mejores del mundo. De hecho, es difícil concebir un buen transporte público más allá del urbano sin una buena intermodalidad. Pero incluso ahí hay niveles: La intermodalidad también se aplica a los transportes urbanos, no sólamente a modo de estaciones y paradas compartidas entre buses y tranvías, sino también en la coordinación entre transportes urbanos. Así, en las poblaciones más pequeñas el mismo sistema de cadenciación integral de los trenes se repite a escala reducida: Cada tanto tiempo, 10 o 15 minutos por lo general, llegan las principales líneas de bus a la estación, donde se esperan un par de minutos y vuelven a marchar. Esto permite el trasbordo coordinado entre todas las líneas de bus de una población. Esto permite reducir drásticamente el número de líneas, aumentar su frecuencia y reordenar su trayecto de forma que sean principalmente trayectos radiales a la estación. De esa forma, la movilidad de los trabajadores es más competitiva, al tener una conveniente aportación hacia la estación, y la movilidad local también abastece por ejemplo a gente con problemas de movilidad para que puedan llegar fácilmente a cualquier parte de la ciudad con un solo trasbordo coordinado y evitando frecuencias pésimas como aquí, donde muchas poblaciones con más de 10.000 habitantes tienen tropecientas líneas de bus urbano con frecuencias insultantes del nivel de 20 o más minutos además de la nula fiabilidad, lo cual para la mayoría de gente hace que sea más rápido ir caminando que coger el bus urbano. A su vez la operación de estos buses urbanos se resiente, porque se convierten en poco más que lanzaderas para los ancianos que son los únicos que no les importa esperarse 20 o 30 minutos (¡o una hora o más!) para coger un bus que tarda lo mismo que una persona joven que va caminando. Esa gestión del bus urbana es la que desgraciadamente prevalece en Cataluña, y tiene una nefasta consecuencia: Encarece terriblemente la operación del bus, al tener recorridos largos, lentos, imprácticos y sobre todo buses vacíos. Al mismo tiempo al no ser un transporte urbano competitivo mucha gente opta por el coche porque el tándem bus+tren no es práctico. La intermodalidad falla SISTEMÁTICAMENTE. Y a nadie se le cae la cara de vergüenza. Porque en realidad nos da igual. Porque solo una sociedad mediocre tolera a políticos mediocres.

Está claro que si falla la intermodalidad no es porque falten recursos. Recursos sobran para soterrar trenes y construir autopistas. La intermodalidad falla porque ni hay iniciativa, ni hay intelecto para llevarla a cabo. Y eso no sólamente va dirigido a los políticos. La ciudadanía tiene un repugnante hábito de rebotarse indiscriminadamente ante cualquier cambio que se lleva a cabo en los transportes públicos, sea un cambio a mejor o a peor. En nuestra sociedad que en infinidad de ocasiones lamento que sea tan egoísta la preocupación es en todo momento por el beneficio propio, y no por encontrar un equilibrio que beneficie a todos por igual. Así, pues, el colectivo que utiliza el automóvil se molestaría ante las molestias que les podría suponer implantar un sistema de este tipo, que sí requiere su espacio en los paraderos de bus o las estaciones de tren para permitir ese funcionamiento de nodo donde llegan y marchan los transportes casi a la vez. La gente mayor se molestarían porque les obligan a hacer un trasbordo, aunque ese fuera coordinado, sin distancia significativa a recorrer y a cambio tendrían mejor frecuencia y velocidad. Los vecinos del barrio X se quejarían de que les quitan “su” bus (ya la forma de hablar en esos casos de “nuestro” bus o “mi” bus denosta un vomitivo egoísmo) para ir al mercado, y los del barrio Y de que les quitan el suyo para ir al CAP. Claro, también es imposible ordenar bien una red de buses si lo que piden los ciudadanos no es un bus sino una maldita limusina con chófer para ir a cualquier parte del pueblo.

El truco para un buen transporte público no es gastar más dinero que nadie. Esa es la estrategia que hasta ahora hemos seguido y estamos siguiendo. Que si L9 del Metro, que si prolongar la L8 o la L1, que si soterramiento aquí, que si peatonalización sin tener en cuenta el transporte público acá. El truco para un buen transporte público es tener un poco de cabeza, cosa que aquí no tienen ni los ciudadanos ni los políticos. Somos un país de burros tercos y necios, y al final acabamos pagando la facture nos guste o no. Podrá ofenderse conmigo quien quiera, pero los datos hablan por si solos. Cualquiera que observe un poco sabrá que en otros países gastando menos dinero consiguen ofrecer un servicio infinitamente mejor que lo que tenemos aquí. El truco está en la intermodalidad. Palabra que allí lo significa todo, pero aquí no significa nada.

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