“La Colau lo hace todo mal menos el tranvía y la superilla”

Ha llegado el momento de llamar esto por el nombre: Parece que todos los independentistas están en contra del tranvía, y obviamente es porque le han cogido urticaria a Ada Colau por el tema de la independencia. Unos temas que genera más bien poco interés a nivel de movilidad, despiertan en cambio muchos ánimos cuando se cruzan con el debate político. Que a ver, se entiende que a los independentistas no les caen bien los Comuns/Podemos/etc.. Está claro. ¿Pero no podríamos solo por una vez dejar de lado al pobre tranvía cuando hablamos de cosas políticas más grandes? El tranvía es solo un tranvía, a nivel político es una chorrada, insignificante. No tiene importancia. Pero para el transporte público sí es importante. Y el transporte público lo usan todos, sean independentistas o no o sean lo que sean. El transporte público no es ni unionista ni independentista, no es ni Español ni Català (bueno, de hecho España tradicionalmente no ha sido el gran fan de los tranvías, SOLO DIGO…) simplemente es, y es muy bueno para todos y para la ciudad. Un “win-win” como dirían los de CiU.

Si se le puede echar barro a la Colau por un montón de otras cosas. El turismo, los CIE/refugiados, los desahucios, que si antes decía que era indepe y ahora no, que si dijo que Trias era de la mafia y luego resultó todo un informe fabricado, sí, sí, sí… podríamos solo hacer una excepción con cuatro cositas de transporte público y urbanismo? Tengamos la madurez urbana de separar estos temas de la política nacional. Está claro que se trata de presionar a los Comuns y dejarlos en una mala posición a nivel electoral, pero ¿vale la pena por eso poner en jaque la ciudad? No solo eso, acaso alguien piensa que es mejor para la causa independentista alienar a los usuarios del transporte público, que en Barcelona son una mayoría? El apoyo al tranvía supondría un gran rédito para los partidos de la oposición que suscribieran el proyecto. Esto es algo que los medios intentan ocultar retratando la opoinión pública como contraria al tranvía. Si miramos el precedente del TramBaix, la realidad probablemente sea más de una gran masa relativamente neutral al proyecto con minorías vocalmente a favor y en contra. Sólo así se explica que tras la implementación la opinión pública haya sido ampliamente favorable, pese a que de antemano no había un clamor claro a favor. Esto quiere decir que el boicot al tranvía no supondrá gran rédito político, porque solo hay una minoría realmente en contra (minoría que seguramente no tire mucho a la izquierda), y una mayoría neutral que ni les va ni les viene. En cambio, de hacerse el tranvía habría un potente rédito de gente que no clamaba pero sí lo agradece, mientras que la minoría en contra se mantendrá como tal minoría e incluso minvará al no cumplirse los augurios apocalípticos con los que se abanderaba la oposición.

Aparte de todo eso, reconozcamos que quedaría mucho más serio mostrar la capacidad de entenderse a ciertos niveles (muy tangibles) que no afectan realmente la política nacional, que no un infantil berrinche de “COLAU CACA”. No rebajemos el nivel político a ese nivel. Eso es lo que hace que las ciudades se conviertan en chapuzas donde su desarrollo va pendulando segun el color político y la huella que quiere dejar cada alcalde, dejando algo más parecido a una alfombra de parches que no una ciudad ordenada. En Barcelona aún no hemos llegado a llegar tan lejos como por ejemplo muchas ciudades latinoamericanas (México D.F. es un gran ejemplo del caos surgido de un crecimiento desordenado, carente de un plan maestro). Aún y así tristemente en los últimos años se han dado pasos firmes en esa dirección, como lo ha sido justamente el hacer caso omiso al plan maestro de la movilidad (PMU) y el de las infraestructuras (PDI) con el tranvía; la Nova Xarxa Bus como versión descafeinada del RetBus; las reformas de dudoso consenso en el Paseo de Gràcia o la misma Diagonal; o los carriles bici en el centro de la calzada.

Ni el tranvía ni la superilla son “la huella de la Colau”. El tranvía no es ningún invento reciente, hace ya nada menos que 13 años que los tranvías modernos circulan por Barcelona, llegando literalmente a las puertas del centro, bordeando el Eixample en Francesc Macià y por la parte baja de la Meridiana, y Ciutat Vella al alcanzar la Ciutadella (¡pasa a 150 metros de línea aérea del Parlament!). Y el proyecto de unir los tranvías no nace ni siquiera con los mismos, sino en TMB en 1989 como una línea de tranvía que debía recorrer solamente la Diagonal (fotos de @transportcat). A su vez las Superilles nacen en el despacho de Salvador Rueda en 1987.

Por tanto, sin ánimos de ponerse en medio de un legítimo debate político, ¿no podríamos dejar de lado estas cositas tan banales políticamente?
¿No podríamos quedar en que “La Colau lo hace todo mal menos el tranvía y la Superilla”?

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