La narrativa del tráfico

Los integrantes de este blog solemos seguir con interés la actualidad local de Barcelona, sobre todo los temas de movilidad, claro está. Es interesante ir siguiendo la supuesta “opinión pública”, encomillada porque nunca se puede saber si se trata de la opinión pública de verdad, o de lo que cada medio quiere vendernos como tal.

En ese sentido, es muy interesante la narrativa que se ha pretendido establecer en torno al tema de la movilidad y el tráfico vehicular. Pero vayamos por partes.

Todo empieza con el anuncio por parte del ayuntamiento de pretender restringir el acceso de coches. La reacción no se hizo esperar.  De forma prácticamente unánime la “opinión pública” puso el grito al cielo sobre lo inadecuado de la medida, que se tildaba de injusta por castigar más a esa gente humilde que aún siendo tan tan tan pero que tan humilde opta por tirar su dinero en algo tan innecesario como un coche, con costes que se estiman en los varios miles de euros anuales. Como siempre hacen los que no entienden como funciona una argumentación, de la excepción se hizo norma: “Pero la pobre gente que tiene que ir a polígonos en medio de la nada.” Que es cierto, pero claro, de salida en Barcelona ciudad no hay polígonos industriales apartados, excepto quizás por la Zona Franca (que tampoco está incomunicada que digamos y se estima la llegada de la L10 para 2019, más o menos al tiempo que llegarían las restricciones a los coches) sino que éstos más bien estarían en las afueras, apartados de posibles perímetros donde se limitasen los coches. Aparte, si esos polígonos carecen de buena comunicación en transporte público por lógica será que tampoco es, a nivel global, tanta gente que va y viene desde esos polígonos. Vaya, que esa argumentación tiene la solidez de una casa de cartas.

La conclusión era, pues, en todo momento muy clara, expresada en esa patética frase de: “lo que tienen que hacer es mejorar el transporte público.” Lo cual nos lleva al siguiente capítulo.

Entra en escena ahora el tranvía. Y con él surge inevitablemente nuestra vieja amiga “opinión pública”. Y de nuevo la reacción es prácticamente unánime. Salvo unos pocos díscolos que se atreven a expresarse favorables, surge un argumento fundamental: El tranvía desviará el tráfico, con lo cual aumentará la congestión y la contaminación. El RACC presenta incluso un estudio que pretende alegar los problemas de congestión creados, partiendo de unos parámetros completamente arbitrarios, ya que a esas alturas el RACC imposiblemente podría haber sabido como se debería configurar el tranvía definitivamente. Otro estudios respaldando la misma tésis concluía que era mejor idea un bus, porque captaría nada menos que 180.000 viajeros diarios, más que la L2 o la L4, y seis veces más que la línea de bus con más demanda de toda la ciudad. Muy serio todo. A su vez, la reacción al estudio más reciente por parte del ayuntamiento, que en base a calcular que habría unos 12.000 coches menos concluye que mejoraría la fluidez y permeabilidad de la avenida Diagonal, es de cuestionar de donde se sacan que habría 12.000 coches menos. Lo cual va en directa contradicción con esa idea previamente expresada de que no hay que restringir coches, sino mejorar el transporte público.

Por tanto, si no debemos restringir los coches, y tampoco haciendo un tranvía se puede esperar que disminuya la cantidad de coches: ¿Que opción queda para reducir el tráfico? ¿Será que tenemos que hacernos a la idea de que tenemos que respirar aire envenenado el resto de nuestros días? Es lo que parecería, si no fuera porque, convenientemente, la buena “opinión pública” nos ofrece una excelente solución: Coches eléctricos. Concretamente: Que se dén ayudas públicas para que la gente pueda comprarse coches eléctricos

Y es así como se puede ir intuyendo la narrativa que parecería que se busca establecer: 1º Restringir coches no es razonable porque es injusto, y lo que hay que hacer para reducir el tráfico es más transporte público.
2º Unir los tranvías no servirá en absoluto para que haya menos coches, sólamente desviará y estorbará al tráfico empeorando la situación.
3º La única solución a los problemas de contaminación es gastar el dinero de todos para que unos pocos puedan comprarse un coche eléctrico por menos dinero.

Y es así como se cierra el círculo. Todo encaja. La narrativa a establecer es tan sencilla como insistir en que no hay solución al tráfico, y que se tiene que facilitar que todos puedan tener un coche, eso sí, eléctrico. Es un poco como un “remake” de los años 50-60, la época de la motorización masiva. “El transporte público no sirve de nada, sino que solo estorba, porque el futuro es que todos vayan en coche.”

Es difícil saber si se trata de una opinión publicada que se nos vende como pública, o si simplemente hay suficientes catétos que andan sueltos y suscriben esas absurdas tésis hasta el punto de vociferar su opinión ignorante y desinformada. Que no parece tampoco difícil de creer si uno escucha algunas de las conversaciones de personas que son incapaces de mantener un tono de voz atenuado cuando tienen sus tertulias de terraza de bar.

En cualquier caso, queda clarísimo el objetivo de que el lobi del automóvil vuelva a salir triunfante, posiblemente con una horda de idiotas útiles a su alrededor que se han creído ese cuento que parece diarrea literaria de los hermanos Grimm, de que no hay forma de reducir la presencia de coches en la ciudad sin perjudicar gravemente la calidad de vida de los ciudadanos (la calidad de vida de los que se tienen que aguantar las constantes molestias del tráfico ya tal). Porque al final solo un zoquete de los buenos se creería esa milonga de los coches eléctricos. Vehículos que prácticamente doblan el precio de sus primos a gasóleo y que, sin ninguna restricción a los coches convencionales y cantidades ingentes de subvenciones, tardarían años si no décadas en sustituir una parte sustancial del parque vehicular.

Pidiendo disculpas por caer en la ley de Godwin, una de las teorías de Josef Goebbels que está plenamente vigente tanto en propaganda política como en la más simple mercadotécnia, es que el alcance de una idea es proporcional a su simplicidad. Evidentemente es más simple promover una idea simple que se puede expresar muy bien gritando en plan gangoso: “¡Pero ejke con el trambiah se va a colatsar el trafico leñe!” que explicar que la forma de reducir el tráfico es restando conveniencia al vehículo privado, y sumándola al transporte público; o explicar que la movilidad “horizontal” en el centro de Barcelona está saturadísima y que el tranvía es útil para descongestionarla, o explicar que el tranvía cubre una doble función de transporte de gran capacidad para la Diagonal y como transporte suburbano (similar a como los FGC tienen servicios locales y suburbanos)….

En parte esto es tan difícil porque, como es propio de una ciudadanía poco educada, hemos caído de pleno en la manía del café para todos: Todo lo que se propone tiene que beneficiar a TODOS, sin excepción, incluso a aquellos que contaminan, causan accidentes, y ocupan cantidades ingentes de espacio público para tener un coche que está aparcado el 96% del tiempo. Es preferible multiplicar el coste por viajero, como ocurriría con una línea de Metro o soterrando el tranvía, que no asumir que se tenga que perjudicar a los automovilistas (a la vez que se les crea una nueva alternativa de movilidad, para colmo). Claro que el hecho de que se perjuicie a otra gente, por ejemplo a esos futuros ciudadanos mal formados y educados porque tienen que ir a escuelas públicas en barracones y operando con presupuestos y personal bajo mínimos, eso lo ignoramos, porque el dinero público es infinito y cae del cielo, y si falta siempre sin excepción es porque algún político roba, y nunca porque se hagan obras excesivas e innecesarias (y consecuentemente tenemos que seguir gastando como si el dinero robado no hubiese desaparecido de las arcas públicas, igual que si a ud. le roban la billetera con 200 euros ud. se gastará esos 200 euros igualmente aunque se los hayan robado, y si luego los hijos se quedan sin cuadernos que se busquen la vida).

Tal como nos dicen de niños cuando aprendemos a leer y escribir, aquel que es iletrado le hacen firmar cualquier cosa. Hoy en día nos encontramos con una ciudadanía que a nivel de movilidad es prácticamente iletrada, y tira de “lógica” como que el tranvía desvía el tráfico y por eso es malo (tal cual lo decía una reciente carta en un diario). Nos estan haciendo firmar cosas tan estúpidas como eso, que el tráfico es imposible de reducir, y que por eso el siguiente paso es tirar el dinero por la ventana a dos manos con subvenciones a coches eléctricos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s